La empanadilla que hace la mili
Hoy sólo tengo diez minutillos para escribir, pero tenía que compartir con vosotros esta peculiar anécdota
¡Cuántas veces hemos escuchado que la realidad supera con creces a la ficción! Estabamos hoy un compañero y yo en la barra de un bar cercano al trabajo donde solemos tomarnos el café de media mañana. A un par de metros de nosotros un señor, de unos 70 años, pulcramente vestido, bastón que no parecía hacerle falta, portafolios de piel, gafas fotosensibles, y un peinado engominado que tapaba a duras penas una brillante calva, tomaba un café tranquilamente, en silencio, ojeando las páginas de un periódico local.
Pasados unos minutos, el hombre llama a la camarera y le pide un favor:
–Mire, he quedado aquí con mi cuñado, Fulano, a las doce y media, seguro que le conoce.
–Sí, sí, se quién es– responde educadamente la camarera.
–Pues mire es que he quedado con él a las doce y media y es la una menos veinte y yo me tengo que ir al dentista, a ver si le puede decir que estoy en el dentista, el que está bajando la calle aquí a la izquierda, se llama dentista Mengano. Soy su cuñado de Villapalos [nombre de pueblo ficticio, claro] que viene mucho por alli a comerse unos chorizos muy buenos que hago. Es un poco pesado porque habla por los codos, pero en fin, le dice que su cuñado de Villapalos ha estado por aquí y que le ha estado esperando hasta la una menos veinte y que se ha ido porque tiene que ir al dentista que está aquí al lado, que si quiere que se pase y me espere, porque como es un pesao y habla por los codos igual se ha enrollado por ahí de palique y no aparece hasta las tres, que cuando va a mi pueblo, Villapalos ¿ya se lo he dicho verdad? se enrolla como las persianas y viene para un par de horas y se queda todo el día comiéndose los chorizos, es buena persona pero es muy pesado y habla por los codos, a ver si viene pronto porque yo me tengo que ir al dentista y después tengo que irme a Villapalos, que soy de allí, así que si llega Fulano, seguro que le conoce ¿verdad?, porque me ha dicho que viene mucho por aquí a beber buen vino y además habla por los codos y es un poco pesao pero es buena persona, pero cuando va a mi casa, allí en Villapalos, se pone ciego de chorizos y se tira todo el día, pues eso que si viene que le diga que estoy en el dentista este que esta bajando por esta calle a la izquierda, el dentista Mengano, que seguro que también le conoce, porque como pega la hebra con todo el mundo, porque es un poco pesao....
Este soliloquio se repitió durante cinco minutos más, hasta que el buen hombre, apremiado por la cita con el dentista se marchó apresuradamente, recordando de nuevo a la camarera el encargo de avisar a su cuñado Fulano que había estado esperándole, entre risas contenidas de los demás parroquianos del bar, que no pudimos por menos que rescatar de la memoria aquél memorable sketch de Martes y trece (menos mal que tendrá la boca ocupada durante un rato, que si no, pobre dentista)
¡Cuántas veces hemos escuchado que la realidad supera con creces a la ficción! Estabamos hoy un compañero y yo en la barra de un bar cercano al trabajo donde solemos tomarnos el café de media mañana. A un par de metros de nosotros un señor, de unos 70 años, pulcramente vestido, bastón que no parecía hacerle falta, portafolios de piel, gafas fotosensibles, y un peinado engominado que tapaba a duras penas una brillante calva, tomaba un café tranquilamente, en silencio, ojeando las páginas de un periódico local.
Pasados unos minutos, el hombre llama a la camarera y le pide un favor:
–Mire, he quedado aquí con mi cuñado, Fulano, a las doce y media, seguro que le conoce.
–Sí, sí, se quién es– responde educadamente la camarera.
–Pues mire es que he quedado con él a las doce y media y es la una menos veinte y yo me tengo que ir al dentista, a ver si le puede decir que estoy en el dentista, el que está bajando la calle aquí a la izquierda, se llama dentista Mengano. Soy su cuñado de Villapalos [nombre de pueblo ficticio, claro] que viene mucho por alli a comerse unos chorizos muy buenos que hago. Es un poco pesado porque habla por los codos, pero en fin, le dice que su cuñado de Villapalos ha estado por aquí y que le ha estado esperando hasta la una menos veinte y que se ha ido porque tiene que ir al dentista que está aquí al lado, que si quiere que se pase y me espere, porque como es un pesao y habla por los codos igual se ha enrollado por ahí de palique y no aparece hasta las tres, que cuando va a mi pueblo, Villapalos ¿ya se lo he dicho verdad? se enrolla como las persianas y viene para un par de horas y se queda todo el día comiéndose los chorizos, es buena persona pero es muy pesado y habla por los codos, a ver si viene pronto porque yo me tengo que ir al dentista y después tengo que irme a Villapalos, que soy de allí, así que si llega Fulano, seguro que le conoce ¿verdad?, porque me ha dicho que viene mucho por aquí a beber buen vino y además habla por los codos y es un poco pesao pero es buena persona, pero cuando va a mi casa, allí en Villapalos, se pone ciego de chorizos y se tira todo el día, pues eso que si viene que le diga que estoy en el dentista este que esta bajando por esta calle a la izquierda, el dentista Mengano, que seguro que también le conoce, porque como pega la hebra con todo el mundo, porque es un poco pesao....
Este soliloquio se repitió durante cinco minutos más, hasta que el buen hombre, apremiado por la cita con el dentista se marchó apresuradamente, recordando de nuevo a la camarera el encargo de avisar a su cuñado Fulano que había estado esperándole, entre risas contenidas de los demás parroquianos del bar, que no pudimos por menos que rescatar de la memoria aquél memorable sketch de Martes y trece (menos mal que tendrá la boca ocupada durante un rato, que si no, pobre dentista)


Es verdad que hay gente así, yo sin ir más lejos, tengo una vecina a la que procuro evitar porque como me coja... ya terminé el dia.
Un saludo! (Comment this)
Saludos. (Comment this)