Viernes 29 de Diciembre de 2006

Me gusta la Navidad

Ya la tenemos aquí. Parece que fue el mes pasado cuando hacíamos nuevos y buenos propósitos para el año que se avecinaba y sin darnos cuenta, ya nos encontramos haciendo balance de un 2006 que se nos ha hecho viejo. Por las calles fluye el olor espeso de estas fechas: el aroma dulzón de los obradores a pleno rendimiento, a troncos quemándose lentamente y a media luz, a serrín y musgo de los belenes, y el aire... siendo el mismo, parece que se perfuma y se hace más fino, y se filtra entre los pliegues de la ropa empeñado en hacernos temblar.

Pasear por nuestras calles en Navidad nos hace más jóvenes a cada paso. Sin darnos cuenta, nos vemos otra vez asidos de la mano de nuestro padre, las castañas en los bolsillos calentando los guantes de lana, mirando furtivamente los escaparates de las jugueterías repletos de deseos infantiles, anhelando que este año, los Reyes Magos hagan la vista gorda con nuestras travesuras, y mordiéndonos las ganas de contarle a nuestro hermano pequeño la verdad sobre ellos.

Y llega el 22. La sensaciones se hacen más fuertes con la única banda sonora del día. Ya estamos de vacaciones y acompañamos a nuestra madre a comprar. Tienda a tienda nos damos cuenta de que nadie presta mucha atención a lo que hace, todos están pendientes de la radio y repiten las mismas bromas llenas de esperanza... y no entendemos muy bien el porqué hasta que crecemos y la hipoteca se encargua de enseñarnos, cruelmente, el motivo. Pero por entonces, afortunadamente, la vida todavía es una película filmada en sepia y luz de atardecer.

Nuestra casa se disfraza de Navidad: guirnaldas, frágiles bolas rojas y amarillas (mamá se queja de que cada año sobreviven menos) nieve artificial en las ventanas que no se “derretirá” hasta marzo, el Belén, que ha relegado a un armario el juego de cafe de plata que decoraba el mueble del salón, lo preside el Niño Jesús al que no debe gustarle su corona, pues se empeña en esconderla entre el serrín, al lado del descornado buey y la desorejada mula. El árbol comprado a los estudiantes de Agrónomos, parece bailar con las luces: “cosas de los bárbaros del norte” que decía mi abuelo.

Día 24. Mamá se afana en la cocina preparando la cena (de cuyas sobras nos alimentaremos prácticamente hasta Reyes), y papá, que de joven fue tendero, lucha con el jamón de la cesta y me explica cómo cortarlo: “la mano siempre por encima del cuchillo”. Llegan los tíos, los abuelos, los primos. Besos y abrazos, “¡cómo has crecido!”. Nos sentamos a la mesa, la prima Natalia este año ya se sienta con los mayores. Ya va al instituyo y tiene otras inquietudes. Nosotros la miramos con envidia, y su hermano pequeño nos cuenta en secreto lo rara que se ha vuelto, que ya no le deja entrar en su habitación.

Día 25. Nuestros primos creen en Papá Noel (dicen que así les da tiempo a jugar durante las vacaciones con sus regalos) y a las siete de la mañana hemos levantado entre falsas protestas y ojos hinchados de sueño y excesos a nuestros respectivos padres para poner patas arriba todo el salón con papeles y cartones, mientras desayunamos chocolate y los restos de turrón y polvorones.

Por eso me gusta la Navidad, por esos recuerdos que sólo se valoran en la madurez y que son los que nos hacen saludar al vecino con algo más de cariño que el resto del año.
Posted by inegro at 12:51:55 | Permanent Link | Comments (0) |

Miércoles 27 de Diciembre de 2006

''Te debo un céntimo''

Si algo me molesta profundamente son esos pequeños pero constantes abusos que sufrimos día a día y que soportamos en aras de una malentendida convivencia con el vecino.

La dependienta de la tienda tiene la costumbre de no tener moneda fraccionaria inferior a 5 céntimos, nada que objetar, si los precios fueran múltiplos de cinco. Pero el caso es que ningún precio cumple esa norma ¿con qué objeto? Si las empresas telefónicas, los parkings y los bancos pueden redondear al alza, lo que supone, según sesudos estudios, nada menos que el ¡¡20 por ciento!! (sí, sí, no ha leído mal, el 20%) de su cuenta de resultados ¿por qué va a ser menos la tendera de la esquina de mi calle?

Lo que olvida la buena de mi tendera, es que esas empresas tienen un inoperante "Servicio de atención al cliente" destinado únicamente a sodomizar al sufrido usuario sin ningún rubor... a fin de cuentas quien te antiende al otro lado del teléfono le trae al pairo tu problema y el que le puedas generar a la empresa para la que trabaja que, por norma, ni siquiera es la que la contrató. Ella, la tendera digo, no dispone de este tranquilizado cortafuegos. A esas empresas no le vemos la cara, pero amiga a tí sí... con lo que te arriesgas a que, tras cantarme la cuenta de 16,99 € y espetarme con mi billete de 20 € en la mano "Te debo un céntimo", te ponga la misma cara candorosa y con el mismo morro que tu gastas te conteste "Prefiero deberte yo cuatro" (que, según la Ley es a lo que tengo derecho).

Porque, mi querida tendera, si fuera una vez nada más, o conmigo sólo... Pero esque, mi querida amiga, con ese céntimo que me sisas a mí y al resto de los 200 vecinos que componemos tu parroquia te pagas una cena de Navidad, de la que ni siquiera te acuerdas de traeme un mísero langostino.

Mi querida amiga, Dios dijo que todos somos hermanos, pero de primos no dijo ni media.
Posted by inegro at 22:44:32 | Permanent Link | Comments (0) |

El mundo laboral

Hace poco, haciendo zapping, me encontré con un documental sobre econmía mundial y globalización, jalonado de declaraciones de intelectuales de las letras y las artes. A bote pronto el tema no tenía ningún interés: hartos estamos ya de escuchar argumentos a favor y en contra sobre lo que nos depara el futuro, todos coincidimos en que lo que queda por venir será más de lo mismo, es decir, los que hoy pasan hambre seguirán pasando hambre (si no más) y los que no lo pasan seguirán engordando preocupándose por su línea. Es una inercia difícil, por no decir imposible, de parar.

Pero de todas las intervenciones que hubo, la que me enganchó al documental fueron las de Saramago. Este hombre sabio hacía un análisis muy simple pero demoledoramente real. Nos llevan engañando desde hace tiempo a todos los trabajadores con el cuento de la productividad, es decir, utilizan eufemismos para hacernos creer que un esfuerzo por encima de nuestras obligaciones contractuales se verá recompensado con creces en nuestras nóminas, posición en la empresa y otros caramelos... y siempre caemos en la trampa. Nunca te dicen esto de forma clara, siempre utilizan metáforas para que muerdas el anzuelo te dejes los cuernos y una vez has conseguido el objetivo ya no te dejan bajar el ritmo, el nivel de exigencia se mantiene en el mejor de los casos, cuando no aumenta... para la recompensa por el esfuerzo realizado nunca es el momento, la empresa no puede asumirlo aún, mientras tú vas sacrificando día a día un minuto más de vida personal, una hora más de estar con tus hijos, con la esperanza de que esa promesa acabe por cumplirse... ¡Iluso! ¡Eso es lo que nos mata! ¿No tienes memoria histórica? ¿¿Cuántas aumentos, ascensos, y demás promesas no se han cumplido nunca porque no es el momento?? ¿Hasta cuándo seguirás haciendo el panoli? ¿Cuánto trabajo de cuantas personas serás capaz de absorver antes de que un infarto te lleve al otro barrio? ¿Cuántas horas familiares perdidas serán capaces de soportar tu mujer y tus hijos antes de que, desilusionados, te abandonen?

Pero no recuerdes jamás al empresario/jefe la promesa incumplida, aunque pase un año tras el vencimiento. La respuesta siempre será la misma: "Esto es lo que hay, si no te gusta ya sabes donde esta la puerta"

Esta forma de actuar sólo tiene un nombre... y me he propuesto no utilizar palabras gruesas en este blog.
Posted by inegro at 10:13:55 | Permanent Link | Comments (0) |

Martes 26 de Diciembre de 2006

Arranco el tema

No es nuevo el tema los blogs. Pocos se han resistido alguna vez a comenzar un diario con el anhelo de que alguien lo pudiera leer furtivamente y le gustara. Una página en blanco donde volcar los más oscuros e íntimos pensamientos sin sentir el rubor de que alguien conocido lo pudiera usar contra uno... ¡Bendito internet! que nos hace a todos anónimos. No torturaré al ávido lector de blogs con el aburrido relato de mi vida. Escritor aficionado y resultón, que no brillante, a veces se me ilumina la bombilla con una "idea genial" que explota y se apaga tan rápido como vino... ya lo dijo alguien, la inspiración te tiene que pillar trabajando.
Posted by inegro at 18:49:30 | Permanent Link | Comments (0) |