Jueves 22 de Febrero de 2007

La empanadilla que hace la mili

Hoy sólo tengo diez minutillos para escribir, pero tenía que compartir con vosotros esta peculiar anécdota



¡Cuántas veces hemos escuchado que la realidad supera con creces a la ficción! Estabamos hoy un compañero y yo en la barra de un bar cercano al trabajo donde solemos tomarnos el café de media mañana. A un par de metros de nosotros un señor, de unos 70 años, pulcramente vestido, bastón que no parecía hacerle falta, portafolios de piel, gafas fotosensibles, y un peinado engominado que tapaba a duras penas una brillante calva, tomaba un café tranquilamente, en silencio, ojeando las páginas de un periódico local.

Pasados unos minutos, el hombre llama a la camarera y le pide un favor:

–Mire, he quedado aquí con mi cuñado, Fulano, a las doce y media, seguro que le conoce.

–Sí, sí, se quién es– responde educadamente la camarera.

–Pues mire es que he quedado con él a las doce y media y es la una menos veinte y yo me tengo que ir al dentista, a ver si le puede decir que estoy en el dentista, el que está bajando la calle aquí a la izquierda, se llama dentista Mengano. Soy su cuñado de Villapalos [nombre de pueblo ficticio, claro] que viene mucho por alli a comerse unos chorizos muy buenos que hago. Es un poco pesado porque habla por los codos, pero en fin, le dice que su cuñado de Villapalos ha estado por aquí y que le ha estado esperando hasta la una menos veinte y que se ha ido porque tiene que ir al dentista que está aquí al lado, que si quiere que se pase y me espere, porque como es un pesao y habla por los codos igual se ha enrollado por ahí de palique y no aparece hasta las tres, que cuando va a mi pueblo, Villapalos ¿ya se lo he dicho verdad? se enrolla como las persianas y viene para un par de horas y se queda todo el día comiéndose los chorizos, es buena persona pero es muy pesado y habla por los codos, a ver si viene pronto porque yo me tengo que ir al dentista y después tengo que irme a Villapalos, que soy de allí, así que si llega Fulano, seguro que le conoce ¿verdad?, porque me ha dicho que viene mucho por aquí a beber buen vino y además habla por los codos y es un poco pesao pero es buena persona, pero cuando va a mi casa, allí en Villapalos, se pone ciego de chorizos y se tira todo el día, pues eso que si viene que le diga que estoy en el dentista este que esta bajando por esta calle a la izquierda, el dentista Mengano, que seguro que también le conoce, porque como pega la hebra con todo el mundo, porque es un poco pesao....

Este soliloquio se repitió durante cinco minutos más, hasta que el buen hombre, apremiado por la cita con el dentista se marchó apresuradamente, recordando de nuevo a la camarera el encargo de avisar a su cuñado Fulano que había estado esperándole, entre risas contenidas de los demás parroquianos del bar, que no pudimos por menos que rescatar de la memoria aquél memorable sketch de Martes y trece (menos mal que tendrá la boca ocupada durante un rato, que si no, pobre dentista)
Posted by inegro at 17:08:29 | Permanent Link | Comments (2) |

Lunes 19 de Febrero de 2007

Papel en blanco

La pluma en la mano y el papel en la mesa... no se de qué escribir.

Las ideas se agolpan en el infinito microespacio que va de la gota de tinta al blanco folio. El lunes no lo hizo Dios para crear, de hecho, Él sólo separó la noche del día.

Aun así pierdo la vista en la nada, buscando un pie que arranque una historia, un párrafo, siquiera una frase bien construida que destapone el jarro, llenando el inmenso abismo albino, aterrador, en el que sólo hay una acusadora fecha... la que te dice que llevas diez minutos ante ella sin escribir ni una palabra.

Podría describir la Catedral, hablar de sus barrocas agujas que desde lejos parecen estirarse hacial el cielo, en un vano intento de llegar a tocar a quien las inspiró. Pero no me sale...

Podría escribir sobre el Río Zorita, que en este tiempo baja frío como el corazón de un asesino y transparente como el deseo de un niño. Pero no me sale...

Podría escribir de las gentes de estas tierras, que acostumbradas a vivir en comunidad, hoy han salido a la calle vestidos de tul, papel pinocho y látex a celebrar el carnaval, ¡Qué engañados viven más allá de las fronteras castellanas con el tópico del "adusto y recio carácter" de Castilla la Vieja! Pero hoy, no me sale...

Podría hablar de tantas cosas, pequeñas, grandes, vacías, intensas... El papel en blanco y la pluma en la que ya se ha secado la tinta son silenciosos testigos de mi falta de inspiración.
Posted by inegro at 21:08:27 | Permanent Link | Comments (1) |

Miércoles 14 de Febrero de 2007

Momentos de calidad

Sábado por la tarde, con la excusa de ir a mirar no se qué a nuestra nueva casa me disponía a evadirme un rato y disfrutar de un poco de soledad mientras admiraba ese atardecer que ayer os describía. Mi mujer se la ingenió para que me llevara a mi hija de 6 años. No me apetecía mucho ya que (como sabéis quienes la conocéis) con ella se puede disfrutar de todo... menos de tranquilidad, y yo lo que añoraba en ese momento era silencio (somos 9 ruidosos habitantes en casa), pero en fin, lo primero es la obligación de padre.

Gracias a la ocurrencia de mi mujer, disfrutamos de dos horas maravillosas. Nos subimos a una pequeña terraza desde la que se ve el inmenso pinar y detrás de él la campiña hasta el horizonte. Jugamos un rato a adivinar formas en las nubes que se recortaban contra la puesta de sol, y luego, no sé cómo, la conversación derivó al nacimiento de la tierra, los seres vivos y la evolución del hombre.

Ella me escuchaba por el simple placer de oirme hablar, con los ojos encendidos, me hacía preguntas, completaba mis ejemplos, avanzaba teorías (unas descabelladas y otras no tanto). El tema nos absovió más de una hora mientras veíamos atardecer.

Estos son lo que yo llamo momentos de calidad, no es importante el tema del que se hable, simplemente se habla por el placer de escuchar al otro y que el otro te escuche.

Sé que ella también sintió ese feeling, porque, aun días después, se ha "desenmadrado" un poco y empieza (¡oh, cielos!) a "empadrarse".

Nos olvidamos muchas veces que nuestros hijos están ahí: siempre que hablan los mayores no se les puede interrumpir (estamos hablando de cosas muy importantes), si te acribillan a preguntas subrealistas a las 10 de la noche, estás cansado, y no tienes ganas de imaginarte el mundo que les hierve en la cabeza y que se les desborda por los ojos y que no somos capaces de ver... y ellos se mueren por enseñártelo. Y es que los críos, en cuanto reciben un poco de atención en rigurosa exclusiva saben agradecerlo.
Posted by inegro at 23:05:24 | Permanent Link | Comments (2) |

Lunes 12 de Febrero de 2007

Atardecer en los campos de Segovia

El astro bosteza a un palmo del horizonte mientras atisba el mar oscuro al que se retira adormecido. Mar que acaricia la abrupta orilla del horizonte, silenciosa. A medida que el Sol se hunde exahusto con un último grito de luz, tornando incandescentes los penachos de armiño que surcan el cielo, se revela, exhuberante, la silueta de la campiña segoviana. Escondida durante el día, es como la tierna estampa de una mujer recostada a nuestro lado, de espaldas, arropada con una sábana de seda dorada hasta media cintura, mientras un ventanal derrama luz de amancer.

Al norte, sus caderas, preñadas de pinares y flores que son su pueblos, y sus estambres cortan el cielo, dando cobijo a las aves traedoras, las más veces, de buenas nuevas, y a pregoneras de bronce que anuncian fiestas, misas y duelos.

Al sur, su hombro suave y amelocotonado, campos de rubio maiz y trigo refulgen bañados por los dedos de luz de del sol que se ahoga placenteramente en su sueño.

Cruzan de poco en poco, cuervos y gorriones, buscando cobijo en los frondosos pinares; ávidos dedos de amante que recorren su cuerpo, estremeciéndola con su ruidosa ansiedad.

Pequeñas figuras cansinas recorren los pliegues de la sábana de regreso a sus flores a recibir su alimento y descanso: ni siquiera los grandes avances de la era industrial, bueyes y mulas tornaron hace años de acero, son capaces de acallar. Sus colinas, regazo materno que nos acuna en sus suaves pendientes mientras nos alza la cabeza hacia el cielo para que podamos mirar el sol, esposo y padre nuestro, que esperará paciente los lomos surcados de su amada y derramar su calor sobre la piel herida, fecundándola y tiñendo de primavera el color severo y ocre del otoño.
Posted by inegro at 17:25:44 | Permanent Link | Comments (5) |