La condena ejemplar
”Los siete meses de sanción a David Navarro serán para todas las competiciones“ www.20minutos.es
Al día siguiente de la agresión de David Navarro a Nicolás Burdisso, comentaba el suceso con un periodista local. El defendía que como mucho le tenían que “meter” tres meses de suspensión y ya lo consideraba una gran sanción. Yo defendía que la sanción debería ser la suspensión por un año.
Él excusaba a Navarro diciendo que fue un calentón, y que no se puede hundir la carrera de un futbolista por un error.
Yo defendía que, precisamente, por tratarse de un profesional no debía salirle barato y que su sanción debiera ser, no sólo un severo correctivo a su violenta reacción, sino un “aviso a navegantes”.
Precisamente, ese tipo de actuaciones no se las puede permitir un profesional. Un profesional debe saber cómo actuar sin necesidad de violencia. Es entendible que en un partido de aficionados salten algunas chispas, pero un profesional ha de dedicarse a jugar exclusivamente al fútbol, obviando cualquier otro elemento que le distraiga de su objetivo: jugar al fútbol y meter goles.
Lo otro son tonterías de malcriado, mal profesional y peor persona.
No ha habido que esperar mucho para conocer la ejemplar y justa sentencia de la UEFA y la no menos plausible de la FIFA que ha suspendido a David Navarro con, nada menos, que 7 meses para cualquier competición.
¡Olé, olé y olé!
No valen las disculpas posteriores, la nariz ya la has roto, amigo.
No valen calentones, se te paga, y no poco para que tengas la cabeza fría y el pie caliente y afinado… las manos, en el fútbol solo han de servirte para sonarte los mocos en la banda.
Pocos días después un periodista es agredido por Taborda, jugador del Deportivo de la Coruña porque le había hecho una pregunta impertinente. ¿Pelillos a la mar también? No, otros siete meses… o más, porque en este caso Taborda actuó con premeditación, citando al periodista a través de su jefe de prensa… impresionante, sin duda.
Al día siguiente, Luis Fernández se mofa del botellazo famoso a Juande Ramos, y pide, a lo que él cree, a micrófono cerrado a sus jugadores que castiguen las espinillas de los contrarios… no requiere más comentarios.
Un profesional debe ser consciente de que los excesos no le van a salir baratos, si no es por prestigio (es repugnante escuchar a muchos aficionados comentar el suceso de Navarro como una gracia) al menos por sanción.
Si de mi dependiera, Navarro no volvía a pisar un campo de fútbol en su vida, si no es de recogepelotas.
Al día siguiente de la agresión de David Navarro a Nicolás Burdisso, comentaba el suceso con un periodista local. El defendía que como mucho le tenían que “meter” tres meses de suspensión y ya lo consideraba una gran sanción. Yo defendía que la sanción debería ser la suspensión por un año.
Él excusaba a Navarro diciendo que fue un calentón, y que no se puede hundir la carrera de un futbolista por un error.
Yo defendía que, precisamente, por tratarse de un profesional no debía salirle barato y que su sanción debiera ser, no sólo un severo correctivo a su violenta reacción, sino un “aviso a navegantes”.
Precisamente, ese tipo de actuaciones no se las puede permitir un profesional. Un profesional debe saber cómo actuar sin necesidad de violencia. Es entendible que en un partido de aficionados salten algunas chispas, pero un profesional ha de dedicarse a jugar exclusivamente al fútbol, obviando cualquier otro elemento que le distraiga de su objetivo: jugar al fútbol y meter goles.
Lo otro son tonterías de malcriado, mal profesional y peor persona.
No ha habido que esperar mucho para conocer la ejemplar y justa sentencia de la UEFA y la no menos plausible de la FIFA que ha suspendido a David Navarro con, nada menos, que 7 meses para cualquier competición.
¡Olé, olé y olé!
No valen las disculpas posteriores, la nariz ya la has roto, amigo.
No valen calentones, se te paga, y no poco para que tengas la cabeza fría y el pie caliente y afinado… las manos, en el fútbol solo han de servirte para sonarte los mocos en la banda.
Pocos días después un periodista es agredido por Taborda, jugador del Deportivo de la Coruña porque le había hecho una pregunta impertinente. ¿Pelillos a la mar también? No, otros siete meses… o más, porque en este caso Taborda actuó con premeditación, citando al periodista a través de su jefe de prensa… impresionante, sin duda.
Al día siguiente, Luis Fernández se mofa del botellazo famoso a Juande Ramos, y pide, a lo que él cree, a micrófono cerrado a sus jugadores que castiguen las espinillas de los contrarios… no requiere más comentarios.
Un profesional debe ser consciente de que los excesos no le van a salir baratos, si no es por prestigio (es repugnante escuchar a muchos aficionados comentar el suceso de Navarro como una gracia) al menos por sanción.
Si de mi dependiera, Navarro no volvía a pisar un campo de fútbol en su vida, si no es de recogepelotas.

