La feliz historia de Abyuto y Empecinada. El moderno cuento de la lechera.
Abyuto era un hombre feliz. Soltero, 25 años, un buen profesional en un puesto bien remunerado. La vida le sonreía con sus duros en el banco, viviendo con sus padres. Un buen coche, viajes sorpresa, fiesta...
Empecinada era una mujer feliz. Recién divorciada, 28 años con un hijo, una buena profesional (no tan bien pagada) y abnegada madre, a la que la vida le empezaba a sonreir. Consiguió ahorrar unos eurillos tras pagar un costoso y duro divorcio, malvendiendo su antigua casa familiar y yéndose con su retoño a casa de sus padres.
Y como siempre... chico conoce chica, chica conoce chico ¡uy como me molas! ¡pues tu a mi también!... Total que tras 6 meses de ilusionante y romántica relación, deciden irse a vivir juntos.
Alquilar ¡¡¡noooo, es tirar el dinero!!! comprar, siempre comprar.
Total que Abyuto y Empecinada se pillan un apartamento muy cuco con dos minihabitaciones salón-cocinaamericana, en un precioso barrio, a tiro de piedra de la M-30. Casi 50 kilitos de vellón pesetero, que los endeuda con su amigo el banco para los próximos 30 años...
¡¡No pasa nada!! si total es una inversión, y cuando le traigamos un hermanastro a Empecinadito, lo vendemos por 70 kilitos y por el mismo precio cogemos algo más grande un poco más lejos jejeje.
Y dicho y hecho, llegó el momento, un par de años después, de recuperar lo invertido, pues el nidito de amor se les hacía pequeño... y fueron a la inmobiliaria de la esquina:
–Hola, buenos días, quería vender mi pisito.
–Hola, pues no ha podido venir a mejor sitio, porque tengo un cliente buscando justo lo que Vds. tienen, pasen pasen.
Abyuto y Empecinada babeaban de codicia, y ya contaban los billetes, mientras se sentaban ante el gestor inmobiliario y formalizaban el contrato en exclusiva... con un 3% de comisión... Total, dos milloncejos no son nada.
–Vuestro producto se vende muy bien ¡¡seguro!! –les dijo– no vais a tener ningún problema. –afirmaba mientras con la gracia de un prestidigitador, guardaba el contrato con una mano y con la otra sacaba la carpeta de ofertas.
Total que Abyuto y Empecinada, miraron mil pisos, sin prisa. Mientras veían cómo sus vecinos, imitando su "audaz operación" también se lanzaban a vender.
–Qué listos somos– se decían acarameladamente.
Por fin se decidieron por un piso. Arduas negociaciones: que si me dejas los electrodomésticos, que si me bajas 3.000 euritos... Habían pasado seis meses. Su piso recibía muchas visitas, incluso recibieron algunas ofertas ligeramente más bajas que sus espectativas que rechazaron casi ofendidos.
El de la inmobiliaria empezaba a ponerles ojos de carnero, pero aún era optimista "Ya no tardaréis en venderlo, confiad".
Así que dieron la señal del otro piso y se lanzaron a pedir una hipoteca puente... las condiciones eran inmejorables... el primer año.
–Pero, vamos –se decían–, que si tardamos un año en vender el otro... es cuestión de apretarse el cinturón un poquito hasta que lo vendamos... total, "novios" no nos han de faltar.
Pero el tiempo pasaba, e iban viendo como sus impacientes y alarmistas vecinos iban vendiendo a la baja. Pero ellos no, el mundo es de los que saben esperar. Y mientras, los plazos de la hipoteca van cayendo uno tras otro... junio, julio, agosto, septiembre, octubre...
Fueron a la inmobiliaria, pues las visitas tras el parón estival, parecían haber descendido.
–No os preocupéis –les dijo el encorbatado gestor– es mala época, ya sabéis, los excesos en las vacaciones, el comienzo de curso... Hombre, sí que es verdad que está un poco alto el precio, quizá si me dejáis negociar un poco, podríamos aumentar las posibilidades.
Abyuto y Empecinada se miraron con ojos de besugo. Abyuto, más conservador, quiere dar carta blanca a la inmobiliaria, pero Empecinada, haciendo honor a su nombre no cede más que un poco y a regañadientes:
–Vale, pero no menos de 68 millones ¿eh?
Noviembre, diciembre, enero, febrero... el año se va a cumplir y no parece que la cosa se mueva.
Nueva visita a la inmobiliaria ¿¿qué pasa??
–Es que ha aumentado mucho la oferta, vuestros vecinos han vendido más barato, se ha construido una urbanización dos calles más arriba, el mercado ya no es lo que era...
Poco a poco ven como sus sueños se derriten ante la realidad y apenas les quedan 3 meses para tener que hacer frente a una hipoteca que supera con creces la capacidad de sus sueldos para poder además comer siquiera.
Entran las prisas
–Bájalo a 60 si es necesario, por lo menos que recuperemos algo.
–Hombre, a 60 es un buen precio pero...
Empecinada se echa a llorar, Abyuto rechina los dientes...
–Pero no nos desesperemos –se consuelan– hagámonos la cuenta de que estos 3 años hemos pagado un alquiler.
Y con esta razón tan oportuna, Abyuto y Empecinada se convirtieron en los felices propietarios de un piso de 70 millones, hipotecado al 120% (los muebles que no falten) a 70 años... ya terminarán de pagarlo Empecinadito y Abyutita.
Y colorín colorado este cuento se ha acabado.

