El gran reto de Zapatero (II)
Si ayer dije que Zapatero lo tenía muy difícil, hoy con todo más digerido y habiéndome intoxicado con las tertulias radiofónicas soy mucho más pesimista.
No hay voluntad por ninguna de las dos partes de llegar a un acuerdo. Por un lado, Zapatero tiende una mano a sabiendas de que Rajoy no puede cogerla sin quemarse. Las actuaciones del Partido Popular han impreso una inercia en su línea argumental que cualquier desvío del camino ya trazado le llevará a la cuneta con un chirrido de neumáticos. Rajoy sólo puede huir hacia delante si no quiere perder los apoyos de la derecha menos moderada, asumiendo que el centro derecha hace tiempo que lo perdió. Una marcha atrás de Rajoy no sólo no atraerá al redil a los moderados perdidos, sino que provocará en los que aún le apoyan un sentimiento de traición difícilmente reparable.
Esto Rajoy lo sabe... y Zapatero también.
¿Es momento, pues, de que ambos dirigentes demuestren si realmente quieren acabar con el terrorismo, o si, por el contrario, y mucho me temo que es así, se han enzarzado en una inútil guerra de desgaste mutuo, de descalificación gratuita, donde cualquier argumento se puede forzar hasta el punto de ruptura, con tal de que el contrario bese antes la lona?
Mucho me sorprendería, y nada me alegraría más, que en los próximos días se bajara la intensidad del discurso y que llegaran a un acuerdo, aunque sea tácito, de no agresión en materia de terrorismo. Ésa debiera ser la voluntad... pero visto el lamentable espectáculo que presenciamos ayer en el congreso, mucho me temo que nuestros políticos no están a la altura.
No hay voluntad por ninguna de las dos partes de llegar a un acuerdo. Por un lado, Zapatero tiende una mano a sabiendas de que Rajoy no puede cogerla sin quemarse. Las actuaciones del Partido Popular han impreso una inercia en su línea argumental que cualquier desvío del camino ya trazado le llevará a la cuneta con un chirrido de neumáticos. Rajoy sólo puede huir hacia delante si no quiere perder los apoyos de la derecha menos moderada, asumiendo que el centro derecha hace tiempo que lo perdió. Una marcha atrás de Rajoy no sólo no atraerá al redil a los moderados perdidos, sino que provocará en los que aún le apoyan un sentimiento de traición difícilmente reparable.
Esto Rajoy lo sabe... y Zapatero también.
¿Es momento, pues, de que ambos dirigentes demuestren si realmente quieren acabar con el terrorismo, o si, por el contrario, y mucho me temo que es así, se han enzarzado en una inútil guerra de desgaste mutuo, de descalificación gratuita, donde cualquier argumento se puede forzar hasta el punto de ruptura, con tal de que el contrario bese antes la lona?
Mucho me sorprendería, y nada me alegraría más, que en los próximos días se bajara la intensidad del discurso y que llegaran a un acuerdo, aunque sea tácito, de no agresión en materia de terrorismo. Ésa debiera ser la voluntad... pero visto el lamentable espectáculo que presenciamos ayer en el congreso, mucho me temo que nuestros políticos no están a la altura.

